Porqué el "exitoso" modelo del 2002 ya no existe más
El ministro desapareció de la escena pública y nada se sabe sobre que medidas piensa tomar, pese a que la economía acumula severos desajustes. Los puntos flacos del actual modelo. Porqué lo que sirvió en el 2002 ya no funciona.
Buenos Aires, lapolíticaonline, 16/05/08, 17:53
Tuvo que sufrir un desafortunado ataque la custodia de Carlos Fernández para que los argentinos recordaran que tenían ministro de Economía. Desde que asumió en el cargo y pese al recalentamiento de los rumores que agitan la incertidumbre de los ahorristas y le imprimen a la cotización del dólar un ritmo de cardiograma, no consideró necesario opinar sobre la marcha de la economía.
Fue la crónica policial la que ayer volvió a acercarlo a los micrófonos y los argentinos recordaron que hace unas pocas semanas ese señor había asumido el que fue –antes de Néstor Kirchner- uno de los cargos más importantes del país.
Con la elección de Carlos Fernández como ministro de economía, el Gobierno pareció preferir a un funcionario de perfil más político que a un técnico capacitado. De esta manera el ejecutivo puso fin al cambio que se había iniciado con Miguel Peirano y luego con Martín Lousteau, que apuntaba a mostrar economistas con mayor llegada a los empresarios y el mercado.
La crisis de los 10 años
En este momento Argentina necesita tomar medidas, para que no se cumpla el recurrente presagio que cada 10 años el país entra en crisis (89-92, 99-03, etc.). El modelo económico actual necesita un cambio urgente para adaptarse a un país que creció durante 5 años a tasas cercanas al 9% anual. Los pequeños retoques que se hicieron durante estos años, como el control de precios de Guillermo Moreno o los subsidios al transporte ya no parecen alcanzar.
Parecería que aquí se cumple aquel razonamiento que indica que no todo modelo económico que sirve para salir de una crisis, funciona para sustentar un crecimiento sostenible en el tiempo. Algo similar paso con la convertibilidad, que funcionó para salir de la hiperinflación pero no se adaptó para fomentar el crecimiento de largo plazo que necesitaba el país.
Los problemas del modelo
El esquema económico que ideó Roberto Lavagna luego de la crisis del 2001 y la devaluación duhaldista, se diseñó pensando en un país que tenía una gran capacidad productiva ociosa, remanente de la ola de inversiones que se habían producido en los 90.
El país estaba produciendo muy por debajo de su potencial, por lo que cualquier incremento en la demanda se traducía en un incremento en la producción y no de precios. A su vez, la alta desocupación generaba un freno a las pretensiones de suba salariales, lo que mantenía los costos de producción relativamente bajos. Si le sumamos un tipo de cambio competitivo, se generaba un fuerte aumento en la producción local sustentada por el aumento de la demanda externa y la sustitución de importaciones. Resumidamente, esto explica el “éxito” de aquel modelo.
El problema es que en los 6 años que pasaron desde el 2002, el modelo casi no se modificó, pero si lo hizo el contexto económico y productivo del país. Todas las condiciones que llevaron el éxito de los últimos años hoy están desapareciendo o ya no existen. Veamos.
Capacidad Productiva
Casi todas las industrias del país están produciendo al tope de su capacidad y en muchos casos en tres turnos. Es decir, no hay espacio para aumentar la producción sin grandes inversiones. Así, esta pata del modelo del 2002 no existe más y sólo se soluciona con una nueva oleada inversora, una medida de fondo para evitar cuellos de botella que se traducen en inflación. Pero es muy difícil que las empresas decidan invertir cuando no saben si van a poder contar con la energía suficiente para poder producir o si podrán aplicar precios razonables. Menos aún si piensan que pueden correr la suerte de firmas como Aerolíneas o Aguas Argentinas, donde el Gobierno los obligó a vender sus activos a empresarios “amigos” y luego de una fuerte embestida gremial y política. Indudablemente, Carlos Fernández deberá dar señales que favorezcan las inversión y cambiar la forma de comunicarse con las empresas, si quiere resolver este frente.
Tipo de cambio competitivo
La fuerte inflación y los aumentos de sueldo de los últimos meses terminó de erosionar el tipo de cambio competitivo para muchas industrias. Hay rubros, como el agro, que ya se encuentran produciendo con costos superiores a los que regían en la década pasada. El problema de querer ganar competitividad mediante variables nominales, es que el efecto es muy de corto plazo y tarde o temprano el tipo de cambio vuelve al de equilibrio; ya sea mediante un ajuste nominal o por inflación. Brasil es un caso, donde el gobierno prefiero combatir la inflación y de esta manera el tipo de cambio se ajusto nominalmente a su verdadero valor y termino bajando de 3 reales por dólar a menos de 1,70. Este es un punto que deberá evaluar con cuidado el ministro Fernández ya que cualquier devaluación extra para generar una “competitividad ficticia” de corto plazo, va a generar mayor inflación en el mediano. La mejor manera de ganar competitividad en el largo plazo no es devaluando la moneda, sino fomentando la productividad. Usualmente esto se logra mediante una mayor inversión en tecnología y en educación.
Retenciones y superávit fiscal
Tal vez la mayor fortaleza del actual modelo hayan sido los famosos superávit gemelos de cuenta corriente y comercio exterior, sostenidos en gran medida en la explosión productiva del campo y la suba global de precios de los commodities, que vía retenciones engrosaron la caja del gobierno. La excesiva voracidad -o necesidad- fiscal del gobierno dispararon el actual conflicto con el campo, que al frenar lo que para muchos era el "motor" de la economía argentina, no sólo está empezando a perforar la solidez fiscal, sino que en términos más generales empieza a afectar a toda la actividad económica, que ya muestra signos de enfriamiento.
Deuda externa
El default declarado durante la presidencia de Rodríguez Saá eliminó por unos meses la necesidad de pagar la deuda externa. La posterior renegociación de Lavagna logró suavizar los pagos, en los primeros años post crisis 2001, hasta que la economía se recuperara. Después de casi 6 años de crecimiento el país tiene que empezar a cumplir con sus compromisos externos con vencimientos de capital e intereses crecientes en el tiempo. Durante los próximos años la Argentina deberá enfrentar pagos cada vez mayores, este año se habla de 17 mil millones de dólares de vencimientos y para el 2009 se espera que la cifra supere los 22 mil millones. Es decir gran parte del gasto público deberá comenzar a destinarse a pagar la deuda externa, con lo que la política de subsidios y obra pública se vera debilitada. Este último rubro fue uno de los bastiones del crecimiento pero será difícil que lo siga siendo.
Inflación
Después de la peor recesión que haya sufrido el país –en el 2001-, cualquier incremento en la demanda iba a generar un aumento en la producción y no de precios. Pero con la capacidad productiva llena y sin perspectiva de invertir más, todos los aumentos en la demanda se están transformando en una suba de precios. Sin duda este es el mayor desafió que enfrenta Carlos Fernández porque es el que mas golpea al bolsillo de la gente y el descontento se transforma en menos votos y por ende en menos poder político. Vías para frenar la escalada de los precios hay muchas, el problema es que Kirchner no esta dispuesto a tomar ninguna de las serias y se obstina en medidas que no tienen efectos en el largo plazo. Un acuerdo de precios puede durar unos meses, pero cuando la inflación es alta el beneficio de violar dicho acuerdo también es alto. Los gremios pueden arreglar una suba, pero cuando la presión de sus afiliados crece, vuelven a pedir aumentos.
No hay tomar recetas mágicas para sustentar el crecimiento y controlar la inflación. Tampoco hay que pensar que solo países como España, Suecia o Estados Unidos pueden lograr un crecimiento sostenido con baja inflación. Por suerte, en la región cada vez hay más casos de países que tomaron las medidas correctas y pensaron en un plan de largo plazo.
Chile, Brasil y Perú son algunas de las economías que más crecieron en los últimos años, todas con relativamente baja inflación y ya ostentan el Investment Grade. Algunos de estos países, incluso tuvieron gobiernos de distinto signo político. Por ejemplo, en Brasil se pasó de un gobierno de centro de uno de los mejores académicos de ese país como era Fernando Henrique Cardoso a un gobierno de izquierda de un sindicalista que no había terminado la primaria como es Lula. Si bien, Lula introdujo algunas cuestiones sociales en su agenda, no cambio la matriz de desarrollo de país y después de varios años y con dos presidentes muy distintos, Brasil continua creciendo y por primera vez en la historia su clase media supera a los pobres.
Un desafío de continuidad y coherencia que hoy parece muy lejano de la realidad de la política Argentina.













