"Necesitamos por lo menos 250 inspectores más"
Federico Young, ex juez y actual titular de la Agencia Gubernamental de Control, dialogó con La Política Online. Los ejes de su gestión en un área muy delicada del gobierno porteño. Su mirada sobre el macrismo, el conflicto del campo y la respuesta a las acusaciones de los organismos de Derechos Humanos.
Buenos Aires, lapolíticaonline, 28/04/08, 16:16
Es una de las áreas más sensibles del gobierno porteño, en especial después de la tragedia de Cromañon. Es que, con la bandera de la ausencia de Estado y la complicidad de los funcionarios, el macrismo incentivó la destitución de Anibal Ibarra, en especial luego de encontrar gravísimas irregularidades en las dependencias de Control Comunal, que para el incendio de Once estuvo a cargo de una maestra jardinera (la procesada Fabiana Fiszbin), cuyo único pergamino era ser amiga Vilma Ibarra.
En ese contexto, la gestión de Mauricio Macri decidió designar a un ex juez y un hombre que conoce del tema: Federico Young. Así, se tranformó en el titular de la Agencia Gubernamental de Control, un organismo con 1200 empleados y con un complejo pasado vinculado a denuncias de corrupción y “cajas negras”.
Esta agencia, como en el área de Turismo, Informática (y próximamente en Deportes), entre otras, forma parte de una estrategia del gobierno porteño de crear entes autárquicos para que, según argumentan, se logre una administración más dinámica.
Young estuvo en la Justicia durante más de 25 años. Fue abogado y llegó a ser juez. No es un hombre del entorno más cercano de Mauricio Macri. De hecho, recién en 2003, con la primera candidatura a jefe de gobierno del ex presidente de Boca, decide darle su apoyo. Según cuenta, esa fue su primera experiencia política.
Cuando su nombramiento trascendió fue cuestionado por organizaciones de Derechos Humanos cuando asumió por haber participado en una mesa debate junto a Cecilia Pando, reconocida defensora de la teoría de los demonios, de la dictadura militar, que llegó a revindicar Jorge Rafael Videla.
Medido y cuidadoso en cada una de sus palabras, Young recibió a La Politica Online en su despacho del quinto piso de la flamante agencia de control, aún en remodelación.
¿Cómo estaba el área de control cuando asumió y cuáles fueron las principales dificultades con las que se encontró?
El área de control comunal siempre fue bastante cuestionada dentro de la comunidad. Antes se llamaba inspección general, después fue la subsecretaría de control comunal, y debido a todos estos cuestionamientos y severas criticas que se hacia la comunidad, el gobierno resuelve darle una forma especial, con facultades especiales, al tema de control comunal mediante un ente autárquico. Esto significa que dicta sus propias normas, tiene su propio presupuesto, puede establecer estímulos para su personal, y tiene la posibilidad de contar con una Unidad de Faltas Especiales, que estará formada por los controladores que no hacen tránsito. Esto recién se está organizando, hay concursos pendientes, pero en su momento vamos a tener la posibilidad de controlar, supervisar, ejercer el poder policía y al mismo tiempo sancionar.
En materia presupuestaria, como la Agencia de Control fue creada después del 10 de diciembre, no tiene fondos asignados en el Presupuesto porteño, ¿cómo se maneja con este tema? ¿Debe esperar que el Ministerio de Seguridad decida pasarle fondos?
Estamos en un proceso de asignación de partidas. Todavía el proceso de autarquía no está completo.
¿Y qué presupuesto manejará este año la agencia?
La cifra no es exacta, podría pecar por impreciso. Sin contemplar la nueva Unidad de Faltas Especiales, estaremos en el orden de los 50 millones de pesos.
¿No hay pocos inspectores (alrededor de 500) para una ciudad con tantos comercios, boliches y zonas a controlar?
Es uno de nuestros problemas centrales. En este momento tenemos aproximadamente 480 inspectores. Necesitamos, por lo menos 250 más. Incluso, tenemos menos inspectores que el año pasado. Muchos se han ido, otros fueron puestos en disponibilidad y todavía no hemos designado los nuevos que van a entrar, previa capacitación y concurso público. Creo que con 700 inspectores estaríamos bien, pero lo veremos sobre la marcha.
¿Cómo se manejan con recursos tan escasos?
Realizamos un Plan de Fiscalización Anual de acuerdo a un índice de riesgo o de peligrosidad del establecimiento, al que inspeccionamos una vez por mes o más. Priorizamos todos aquellos que presentan mayor riesgo para la gente, como por ejemplo, depósitos de pirotecnia, inflamables, geriátricos.
¿Y qué pasó con el caso de la fábrica de cotillón del Once?
Bueno, no estaba habilitado ese depósito. Por eso estamos llevando a cabo el rempadronamiento en toda la ciudad. Para poder tener un control que nos permita prevenir ese tipo de casos. La idea es tener datos de todas las actividades.
En las gestiones anteriores la clave para el accionar del área eran las denuncias de los vecinos. ¿Sigue siendo así?
Para nosotros las denuncias son una base importantísima en nuestra conducta, pero no sólo tenemos denuncias, tenemos nuestro plan que funciona aún sin ninguna denuncia, siempre de acuerdo a la criticidad de los establecimientos.
¿Cómo se manejan, en especial de después de Cromañon, con las inspecciones a los boliches bailables?
Los inspeccionamos una vez por mes, como promedio, y hacemos cuatro integrales en el año que cubren todos los aspectos de esa actividad.
¿Le pesa estar al frente de una gestión que aún tiene sobre su espalda la tragedia de Cromañon?
Es un desafío personal. Lo que estamos haciendo va a quedar para la gente que venga el día de mañana, vamos a probar que en una organización tan cuestionada es posible ser eficiente, transparente y honesto. Estamos desarrollando sistemas que van a permitir que toda la información de Control Comunal este a disposición en la Web, para que la gente puede saber quiénes son los responsables de los establecimientos, si están habilitados o no, por cuánto tiempo y en qué condiciones. También queremos que los dueños puedan saber por Internet en qué estado están sus expedientes. Si esto ya se hace en la Justicia, ¿Porqué no se puede hacer en Control Comunal? Además, vamos concursar todos los cargos de línea administrativa. Esto es revolucionario, así se construye el país. Sin cargos políticos, con concursos libres para todos, y con controles de toda la comunidad. Nuestra idea es que no se hagan favores ni haya privilegios, que nadie tenga que ocuparse en conseguir una recomendación para que avance su expediente. El día que dejen de llamar por teléfono habremos cumplido con nuestro trabajo.
Política porteña
¿Qué nos puede contar de su relación con Macri?
Yo con Macri tengo un reconocimiento especial porque me ha confiado una tarea muy compleja y de gran responsabilidad.
¿Suele llamarlo para consultarle sobre la situación de ciertas áreas?
Le digo esto: yo no soy amigo del ingeniero Macri. No soy amigo personal de licenciado Rodríguez Larreta, pero para mi trabajar con ellos es como trabajar como si fuera “Argentina año verde”. El dinamismo que tienen y el apoyo para los cambios, me parece una cosa fantástica. Yo tengo 62 años, y nunca pensé que iba a ser parte de este cambio transformador. Se lo digo de verdad, bueno no lo voy a convencer…
¿Ya sonó en su área el botón rojo del tablero que tiene Rodríguez Larreta en su despacho para controlar obras y avances en la gestión?
Sí, nos castiga duramente. Pero es la mejor manera de controlar que los proyectos se lleven a cabo.
¿Qué opina de las internas dentro del macrismo?
No las conozco. La verdad lo que yo he visto es un equipo. Deben darse las competencias propias de cada ser humano para mostrar que cada uno hace bien las cosas.
¿Cree que en Pro se está trabajando bien para las elecciones del 2009?
Yo creo que el gobierno está dedicado absolutamente a la gestión. Si usted me pregunta que me gustaría, me gustaría que se eligiera una proyección a nivel nacional. Pero no estoy autorizado a hablar en términos políticos, yo soy un funcionario de la ciudad.
El conflicto con el campo
Usted tiene 1250 hectáreas en Chivilcoy, fue vocal de la Asociación Rural de Chivilcoy y delegado de la misma ante la Confederación de Asociaciones rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap). ¿Qué opina del conflicto del gobierno con el campo?
Tenemos que pelear por el país. Vivimos un proceso de decadencia y desintegración institucional. Hoy estoy alejado del gremialismo agropecuario porque me dedico a la función pública con exclusividad, pero observo en el interior de la provincia de Buenos Aires una profunda inquietud. El productor se está dando cuenta que existe un unitarismo como pocas veces se vio en nuestra historia. Ahora el problema es el interior contra el centralismo porteño, sea quien fuere que esté en la Casa Rosada, sea un santacruceño o un riojano. Por otro lado, por primera vez los núcleos urbanos se han hecho cargo del problema del campo y lo han asumido como parte de su propia identidad. A mi me pone contento esto.
¿Qué le pareció, en ese contexto, el discurso de Cristina Kirchner vinculando al campo con la dictadura militar?
No quiero avanzar más de lo que he dicho. Creo que si que si hay algo espontáneo y democrático, han sido las expresiones populares de los productores a lo largo y a lo ancho del país.
Las acusaciones de los organismos de Derechos Humanos
Varias organizaciones de Derechos Humanos junto con algunos dirigentes políticos lo acusaron de apoyar la dictadura de 1976 y de crecer en la Justicia gracias a esto…
Mire, yo entro a Tribunales en 1970. En 1975 me nombra el gobierno peronista, en acuerdo con el Senado de la Nación. En 1983 me presta un segundo acuerdo el gobierno de Raúl Alfonsín. Esto habla por si solo de lo que fue mi pensamiento sobre todo eso. Además, he dicho públicamente que rechazo todo ejercicio de la violencia. Y rechazo también a los golpes de Estado que considero que han sido una de las causas que provocaron la decadencia argentina. La democracia se cura con más democracia.
¿Y cómo vivió las acusaciones que le hicieron?
Con una sensación de impotencia y de gran injusticia. Me enteré cuando volví de un viaje que hice en noviembre por Africa, en Kenia y Tanzania, o sea que no tenía acceso a la información. Cuando regresé negué absolutamente todos los cargos. Jamás he defendido ningún tipo de violación a ningún tipo de derecho humano. Si hay algo que hoy deploro es la violencia, que sólo debe ser monopolizada por las fuerzas del estado. Incluso tengo en curso querellas contra personajes determinados que me han acusado, calumniado e injuriado. Sin perjuicio de que yo tenga una opinión concordante con Julio Strassera, con Augusto Belluscio, con Moreno Ocampo, con respecto a estos temas. Todos los cargos que me hicieron son absolutamente infundados.
¿A quién querelló?
(Silencio)… Ibarra, y hay más...
¿Qué opina de la política de Derechos Humanos del gobierno nacional?
No voy a hacer declaraciones políticas. Estoy absolutamente de acuerdo con todo lo que dice el Pro: justicia para todos, un orden institucional cierto, y en democracia con una república donde funcionen los tres poderes equilibradamente, en forma independiente y con controles recíprocos.













