Grave interna entre Duhalde y Anibal por Derechos Humanos
Con el paso de Fernández de Interior a Justicia, la Secretaría de Derechos Humanos quedó bajo su órbita. Eduardo Luís Duhalde, harto de las polémicas decisiones del ministro, pidió una audiencia con Cristina Kirchner para manifestarle su disconformidad y donde podría presentar su renuncia.
Buenos Aires, lapolíticaonline, 30/07/08, 17:50
El paso de Aníbal Fernández del Ministerio del Interior al de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos lejos está de asemejarse a un acierto. Ahora, a los reproducidos desplantes del ámbito judicial a la figura del vocero kirchnerista la cuestión se trasladó tristemente a una de las banderas que más y mejor flameó el gobierno de los Kirchner: los Derechos Humanos.
Desde su entrada a Justicia, el primero en sentir la gota de preocupación sobre su espalda fue el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luís Duhalde. Con el paso de los días, que se transformaron en meses, sus presunciones no hicieron otra cosa que confirmarse. Así, derivó en la saturación de su paciencia y en su disposición, incluso, a presentar su renuncia indeclinable.
La bronca de Duhalde, un funcionario bastante activo, estalló en los últimos días pero responde a una acumulación de críticas a Fernández. Allí aparecen su manejo del ámbito judicial –con escaso impulso a las causas de genocidas-, el sostenimiento al frente del cuestionadísimo servicio penitenciario de un hombre apuntado por dar privilegios a ex represores y de impedir la labor de organismos de DD.HH., la decisión de aprobar las balas de punta hueca para las fuerzas de seguridad y, como detonante, la fuga del represor “Laucha” Corres en Bahía Blanca.
Duhalde, ante esto, dijo basta. Su hartazgo parece haber tocado un límite poco preciso pero lo suficiente para, sin mediar consultas con sus allegados, solicitar una audiencia a la presidenta Cristina Kirchner. Aunque no trascendió si la presidencia aceptó el pedido, se descarta que en ese encuentro el secretario de DD.HH. pondrá sobre la mesa su listado de quejas y, encima de estas, su renuncia a disposición del Poder Ejecutivo.
“Quiere renunciar. Dice que no hay más política de Derechos Humanos, que no avala las barbaridades que están ocurriendo y que no quiere quedar pegado a todo esto”, afirmó una fuente K a este medio. Y aclaró que su incomodidad comenzó “apenas Aníbal puso un pie en el ministerio”.
Aníbal y la Justicia
En primera instancia, Duhalde se hizo eco de las dudas que la presencia del flamante ministro generó en los tribunales de la Nación. Aníbal es un abogado que hace escasos días fue noticia por quedar formalmente habilitado para ejercer como abogado, algo que nunca en su vida hizo. De hecho, apenas se recibió en diciembre de 2001, cuando el país de Fernando de la Rúa estallaba, y sólo estaba matriculado en su querida Quilmes.
Esto, más sus andares bruscos tipificados en el peronismo bonaerense, hizo que en la Justicia nadie desee tener que contactarse con el ministro.
Con el tiempo, la cosa empeoró. Cuando Duhalde notó que Aníbal estaba más concentrado en las internas políticas de la Casa Rosada que en intentar acelerar, por ejemplo, las causas a genocidas de la última dictadura militar, la tensión subió.
Sobre esto, Adriana Calvo, sobreviviente de tres centros clandestinos de detención e integrante de la ONG Justicia Ya!, opinó que “no ha cambiado demasiado el modus operandi de Fernández de ministro del Interior a Justicia. No ha hecho nada bueno”.
Lo mismo ocurrió con Alejandro Marambio, el titular del Servicio Penitenciario Federal. Según esbozan algunas versiones, Duhalde exigió que se corra a este hombre de ese puesto. Tal como investigó La Política Online, lo acusan de proveer de “lujos” a ex represores detenidos y de nombrar a personajes nefastos en distintos cargos operativos –ver “Alejandro Marambio, la mano negra que maneja las cárceles”-.
Derechos y Humanos
Pero fueron otros eventos y decisiones los que desnudaron la interna entre Aníbal y Duhalde y su lucha por políticas distintas dentro de un mismo espectro.
La primera fue la decisión de Aníbal de autorizar el uso de balas de punta hueca. La resolución 1.770/08 permite a ciertos cuerpos especiales de la Policía Federal la utilización de proyectiles expansivos, más conocidos como de “punta hueca”. Esa bala, de altísimo poder de daño y letalidad, ha sido condenada y prohibida por la Declaración de La Haya y la Convención de Ginebra.
“Es una barbaridad, en contra de todos los convenios, tratados y acuerdos de Derechos Humanos y, encima, en contra del sentido común” opinó Calvo en diálogo con La Política Online.
Pero todo acabó con la fuga de Julián Corres. Este tema derivó en las quejas inmediatas de los organismos de DD. HH. que explotaron en la cara de Duhalde.
“No sólo se escapó este hombre sino que tampoco el Ministerio tomó las precauciones que debería haber tomado para investigar lo que pasó en la cárcel de Marcos Paz o la serie de irregularidades en la causa López”, esbozó Calvo.
Su opinión además, dejó otro de los temas clave que pasan días fuera de la agenda de Aníbal y que Duhalde ya apuntó para su postergado encuentro con Cristina: los planes de protección de testigos en causas por violaciones de DD. HH.
“Hay una serie de programas, todos superpuestos, que ninguno sirve para nada. En la medida que las causas contra los genocidas sigan a este paso, tan lento, son un peligro en si misma. La única protección para los testigos es que los genocidas estén en la cárcel. En este sentido, Aníbal Fernández tampoco ha hecho nada para interesarse por el transcurso de las causas, cosa que debería hacer como ministro”, cerró la representante de la ONG Justicia Ya!













