El gobierno convirtió a De Angelis en un héroe
El efecto social que causó la detención del líder de Gualeguaychú revela una vez más que Néstor Kirchner perdió la batalla contra los productores aún antes de iniciarla.
Buenos Aires, lapolíticaonline, 14/06/08, 17:00
“El ejército victorioso vence antes y después de que tenga lugar la batalla. El ejército derrotado primero lucha y después busca la victoria”. Sun Tzu
Un comandante de la gendarmerìa, delante de las cámaras de los canales de noticias que estaban transmitiendo en directo, le pidió a Alfredo De Angelis que “salga de la ruta, es la última vez que se lo digo por favor”. Con velocidad de lince, el líder agrario giró su cabeza y le ofreció a los chacareros que lo rodeaban dos opciones: “o continuamos el corte o lo levantamos y volvemos a hacerlo en quince minutos”. Nadie aceptaba irse. Pero necesitaba tiempo para pensar. Pidió 15 minutos a la gendarmería y le dieron 5. ¿No temía lo peor, que hubiera heridos, que alguien muriera? ¿Qué pasaría con la lucha agraria si se lo responsabilizaba de la violencia? ¿Se daba cuenta de que ya se había tomado la decisión de meterlo preso? Con toda su gente alrededor, pero finalmente solo, anunció públicamente que se quedaban en la ruta, y dijo que a él no le molestaba si alguien se retiraba por las consecuencias que podía tener quedarse sobre la 14. Estaba serio. Cruzó los brazos. Y en fin.
El país se paralizó frente a la televisión. Los ciudadanos de a pie, expectantes, miramos con pavura y en directo este absurdo. Muchos lloramos frente al aparato.
Por los canales se vio de qué modo la Gendarmería fue por él, que se resistía pero a la vez pedía tranquilidad, mientras se lo arrastraba por el piso hasta que lograron subirlo a los golpes a un camión. Impactaba. No dejaba de mirar la escena, a los que detenían por un lado, a los que esposaban por el otro, a los que venían detrás de la Gendarmería para continuar el corte. Corría la lona verde y seguía mirando lo que pasaba. Le cerraron también la lona.
En Gualeguaychú, más productores, con sus familias, avanzaban sobre la ruta. Caravanas de autos, gente con cacerolas también, una señora con una Virgen. En Concepción del Uruguay 2000 chacareros esperaban a las traffics que llevaban a los 19 detenidos. En Capital Federal los barrios del norte, donde viven los hijos de los productores, empezaron a golpear cacerolas y sonar bocinas. En todas partes del país hubo expresiones de indignación.
La detención de De Angelis fue un pico de tensión extrema en un conflicto grave. Innecesaria la tensión. Innecesario el conflicto. El Gobierno mudo. Imposible no preguntarse si el general que mandó a librar esta batalla habrá disfrutado ese momento de represión sobre los chacareros de Gualeguaychú. Si así fue, pensará que lo que tronó fue el escarmiento contra el chacarero que le viene desnudando todos los artilugios que inventó para tapar la realidad y no solucionarla, desde las protestas contra la empresa Botnia.
Pero la felicidad , si la tuvo, le duró poco. Al rato dio la orden de que Gendarmería se retire y hasta mandó a informar que De Angelis fue liberado, cuando todavía no era cierto. Tal vez sabía el general que era lo que se necesitaba para que no se incendien las rutas nacionales, ya terriblemente tensas. Fue el momento en que en todo el país volvieron las bocinas y cacerolas, pero para festejar que el chacarero había recuperado la libertad.
Ojalá que rápidamente Néstor Kirchner se entere que tiene perdida la batalla que decidió librar contra los productores desde antes de librarla. No le sirve a nadie que insista con seguir peleándola.













