COLUMNISTAS
Por Pablo Failde
El Bicing, una política de Estado
La ley que crea el Sistema de Transporte Público en Bicicleta aún no se terminó de reglamentar. Es una iniciativa vital ya que a mayor cantidad de bicicletas en el tránsito urbano son menos los incidentes en general y baja la sinistralidad vial. Las exitosas experiencias en el mundo.
17.03.2009 |
El día 6 de diciembre de 2007 en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires se sancionó la Ley 2586 que crea el Sistema de Transporte Público de Bicicleta para la Ciudad de Buenos Aires.
El proyecto de mi autoría fue sumando el apoyo de los distintos bloques partidarios hasta culminar en la votación afirmativa por unanimidad.
Finalmente, la ley 2586 es promulgada por el Decreto Nº 5/008 del 8 de enero de 2008 (Boletín Oficial N° 2848)
A la fecha, la ley se ha reglamentado parcialmente. Sin embargo, aún lejos de haber visto rodar la primera bicicleta pública, considero necesario hacer algunas puntualizaciones.
El Transporte Público de Bicicletas se inserta dentro de los principios de la Movilidad y el Transporte sostenibles y constituye, desde luego, una incorporación para Buenos Aires dentro de un amplio conjunto de medidas que, desde esa concepción, es posible diseñar y aplicar en la búsqueda de un ambiente más sano y una convivencia en el tránsito más pacífica y segura.
En términos simples, el sistema de Transporte Público de Bicicletas (TPB) consiste en estaciones o terminales donde el usuario retira una bicicleta pública, la utiliza durante un período establecido convenientemente y la deja en otra estación del sistema.
Las modalidades de operación, la logística y los distintos tipos de relación con los usuarios varían según los modelos estudiados, pero no modifican lo básico de la prestación.
Son cada vez más las ciudades en la Unión Europea que ofrecen este sistema a sus habitantes respondiendo en muchos casos a la demanda que la misma población ejerce sobre sus comunas. Son casos paradigmáticos de esta implementación las ciudades de Barcelona, París, Bruselas, Sevilla, Córdoba, Viena, Estocolmo, Oslo, Lyon por citar algunos de los casos más desarrollados, pero hoy son cerca de 200 las ciudades que cuentan con TPB.
El sistema Velib, francés, ha alcanzado ya el millón de ususarios.
Países como Holanda, Dinamarca, Inglaterra, inclusive, tienen una larga tradición ciclista y Copenhaghe es una ciudad símbolo de la cultura ciclista urbana.
En América se ha incorporado la ciudad de Washington (USA) Bogotá (Colombia) y Providencia (Chile).
Río de Janeiro ha inaugurado recientemente las primeras estaciones y tanto Brasil como México tienen en estudio y en desarrollo alternativas que incluyen a la bicicleta como actor estratégico del tránsito y el transporte urbanos.
Esta somera caracterización muestra la adopción creciente de un sistema que, aún con las dificultades previsibles de toda innovación, ha sido acogido con satisfacción por el público en general.
Las razones de este crecimiento son varias, complejas y varían de acuerdo a las condiciones locales, sin embargo es posible hacer algunas afirmaciones auspiciosas de carácter general. En estas ciudades se ha estudiado y evaluado profundamente el tema de la seguridad vial y la presencia de bicicletas en el tránsito urbano con un resultado que , basándose en datos rigurosos, revela que a mayor cantidad de bicicletas en el tránsito urbano son menos los incidentes en general y baja la siniestralidad vial.
En la medida en que más bicicletas se incorporan al tránsito remplazando el uso de un motor de combustión estamos disminuyendo también los niveles de contaminación del aire y acústica, además, estamos bajando la velocidad.
Es significativa la incidencia en la población en cuanto a la prevención de enfermedades relacionadas con el sedentarismo, en especial las cardiovasculares.
Es decir, que desde el punto de vista del interés común, la incorporación de sistemas como el TPB contribuye a un mejor enfoque del gasto público, de sus sistemas de salud y de la cantidad de costos ocultos que conllevan las altas tasas de siniestralidad vial que ostentamos en la actualidad.
Desde el punto de vista de los usuarios, crece la cantidad de personas que consideran la opción de transportarse en medios menos agresivos con el ambiente y con las personas.
El TPB se demuestra eficaz para la interconexión de medios de transporte y en ese aspecto puede ser una importante contribución, pero sus posibilidades no se limitan a esta funcionalidad. Por el contrario, el sistema se potencia al integrarse dentro de un conjunto de medidas imprescindibles sobre las que es necesario continuar trabajando.
Estas acciones tienen que ver con la racionalización del uso del auto con ocupación individual, ordenamiento general del tránsito estacionamiento, el control de los niveles de emisión, y no menos importante, la interacción con la comunidad.
La solución de los problemas que afronta la ciudad en materia de tránsito exige reconocernos como parte del problema. Debemos salir de la lógica punitivo coercitiva que aplicada como receta única, se transforma en una herramienta recaudatoria que no genera conciencia y no genera cambios en el comportamiento en las calles.
Las estadísticas en materia de siniestralidad vial no reflejan, lamentablemente, resultados positivos a través de esa política.
La comunicación y participación ciudadanas son claves para generar un contexto donde se identifiquen con claridad derechos y obligaciones.
En Buenos Aires, hemos logrado la sanción de la ley 2586. Recientemente, como citaba, el Gobierno de la Ciudad ha procedido a su reglamentación parcial.
Pero se dilata la puesta en marcha del TPB, por más motivos que los desafíos que su propia implementación plantea. El gobierno del Ing. Macri no acierta aún a imprimir una dirección conceptual al problema del tránsito en la Ciudad de Buenos Aires y es ahí, tal vez, donde debemos buscar las razones más resistentes de la demora con relación al TPB y las razones de no pocas marchas, contramarchas y medidas contradictorias.
Es imprescindible que con prontitud la administración del PRO, encauce la gestión en esta área para poder avanzar con un criterio conceptualmente renovador.
Hoy alrededor de 100.000 ciclistas urbanos recorren a diario la ciudad para ir a su trabajo y a sus lugares de estudio.
Cada día que pasa sin poner en marcha las políticas públicas que hacen falta ahora, no deja igual las cosas, empeora nuestra seguridad vial.
El TPB va con claridad en un sentido, se debe incorporar a una ciudad que dice querer cambiar, no como una tibia concesión a lo establecido, sino como iniciador y parte de una política pública que ponga a Buenos Aires en la senda de la sostenibilidad.
La administración de Macri debe hacer coincidir lo anunciado en materia de tránsito y transporte con los hechos.
La implementación del TPB beneficiará a los porteños que, por ahora, vemos aplazadas nuestras expectativas.
COMENTARIOS DE LOS LECTORES (2)
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Desde hace 14 años ando en bicicleta casi sin interrupciones en la ciudad.
Para los que amamos las 2 ruedas es frustrante y enojoso ver el poco respeto que los automovilistas, colectiveros y taxistas tienen por nosotros. Tambien (y esto es lo mas grave) es enojoso el estado de las calles y la poca preparacion de un entorno adecuado para la circulacion en bici... Es una verdadera lastima, porque Buenos Aires es otra, recorriendola en bici... Ojala que cuando el bicing se ponga en marcha, la estructura de la ciudad se adapte a este nuevo fenomeno, proveyendo a los ciclistas lugares apropiados para circular seguros.
Devolve la banca, chantun...